Buñueloni

0
2829

 

 

 

“Estamos asistiendo a una espantosa decadencia del aperitivo, triste signo de los tiempos. Uno más.”  Luis Buñuel

 

¿Quién tiene tiempo para un cóctel en el aceleradisimo mundo de hoy? Consultar las recetas, equipar el bar con licores exóticos, acceso inmediato a hielo fresco y cristalino, enfriar la coctelera y los vasos, medir los componentes, agitar conarte, guarnecer apropiadamente… y luego, vaso en mano, dedicarle el tiempo a entender y apreciar los sabores: amargos y dulces, subterráneos y botánicos, sazonados y complejos.

¿Quién tiene tiempo para la cocina clásica en el aceleradisimo mundo de hoy? Picar a mano y no en Moulinex, espesar un estofado con calmada reducción y no con goma Xantana, batir la salsa holandesa con el balón de varillas, en baño-maría, y no en el Thermomix, triturar el pesto a mortero y no en licuadora…y luego, plato en mano, dedicarle el tiempo a apreciar la diferencia, sabores puros y naturales, conectados con la cultura de nuestra historia.

¿Cómo llegamos a estar tan ocupados todo el tiempo? ¿No se suponía que la tecnología aumentaría nuestro tiempo de esparcimiento? Sin duda que lo contrario es el caso: redes sociales vibrando con centenas de “amigos”, twitter-periodismo al instante, digitalización del trabajo, centenas de emails las 24 horas del día, todo sucediendo con la hipótesis tácita de que son eventos urgentes e ineludibles. ¡Más nos vale acelerar nuestras vidas a riesgo de quedarnos al margen de la sociedad!

Sin embargo, Carl Honoré, uno de los abanderados del movimiento Slow, cita un estudio de Hewlett Packard donde se ha encontrado que el multitasking reduce nuestro cociente intelectual por más de diez puntos…¡el doble de la disminución que causa fumar marihuana! Aún así, vivimos en la ilusión posmoderna de que hacer varias cosas al mismo tiempo es profundamente eficiente y satisfactorio.

¿Y todo este apuro para qué? El filósofo e historiador noruego Guttorm Fløistad, nos recuerda que “… nuestras necesidades esenciales nunca cambian: la necesidad de calor humano, de sentir que importamos y de ser amados. Estas sólo se obtiene al dedicarle calma y tiempo a las relaciones humanas . El paso esencial es recobrar la lentitud de la reflexión…allí yace la verdadera satisfacción”.

Un coctel al aperitivo (dos veces al día en el caso de Buñuel) es el antídoto ideal para el apuro cotidiano. Es un ritual de transición, la oportunidad de relajarnos y socializar, de prepararnos para la comida.

“Yo he pasado en los bares horas deliciosas. El bar es para mí un lugar de meditación y recogimiento, sin el cual la vida es inconcebible” recuerda Buñuel.

No solo teoría sino ejercicio inspirador, como cuando después de varios dry martinis decidiera que Ese oscuro objeto del deseo fuera protagonizada por dos actrices (Carole Bouquet y Ángela Molina) en el mismo personaje, algo inédito en la historia del cine. Buñuel fue además un cineasta frugal y eficiente, sus películas se filmaban en semanas, con mínima dirección de sus actores y poquísima edición. Un verdadero auteur!

Cierro esta reflexión con la receta del Buñueloni, una extraordinaria variación del Negroni. He aquí la fórmula, reseñada en un cálido y lúcido ensayo de Carlos Fuentes: mitad de ginebra inglesa, un cuarto de Cárpano y un cuarto de Martinidulce. Servir con hielo y una rueda de naranja.

 

 

Compartir
Artículo anteriorBombones que saben a Mérida
Artículo siguienteLa lonchera de Scannone
Franz Conde
Cocinero profesional desde 1988, es discípulo de Armando Scannone. Ha trabajado como chef en Venezuela, Italia, Inglaterra, Suiza, Turquía y actualmente lidera las cocinas del Hilton Amsterdam y de Roberto´s, el restaurante italiano más premiado de Holanda. Su web: franzconde.com. Su Twitter: @franzconde.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here