Comer

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Comer implica decisiones, paisajes sociales y culturales. Las opciones alimentarias que se nos presentan son estampas de contextos concretos, al tiempo que se destinan a responder a una necesidad vital, básica. Quizá sea por ese llamado básico que el ser humano desarrolla tanto alrededor de la mesa.

Comer está ligado a la manada o familia. 2 millones de años atrás para el Homo habilis se trataba de la cacería organizada, para el hombre de este siglo se trata del domingo parrillero, la receta de la abuela, el asado de la tía. Sin dejar jamás de lado la imperante búsqueda del placer en ello.

Personalmente, me gusta imaginarme a aquel hombre de las herramientas a punto de controlar el fuego, buscando ramitas aromáticas del entorno, para darle gusto a su trozo de carne machacado entre dos piedras.

Otro principio que condiciona nuestro comer es el geográfico y climatológico, razón por la cual son estas latitudes el hogar de aquel mágico sustrato llamado maíz que nos conforma: “De maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masas de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres, los cuatro hombres que fueron creados”, decía el Popol Vuh de Guatemala.

Comer definitivamente no se puede reducir a una actividad rutinaria a la hora de querer cambiar un hábito instaurado; comer debe verse del tamaño que es y frente a eso, entonces, tener un plan.

Si seguimos esta línea descubrimos que hacer “dieta” no debería ser comer raro, sino comer mejor dentro de lo que el ambiente ofrece, sacando el mayor potencial familiar, geográfico, de texturas y sabores. Y partiendo de allí, cubrir las necesidades nutricionales.

¿Qué tiene de malo mi pabellón criollo? o ¿El arroz con pollo que prepara mi mamá? Con qué lupa despiadada lo desmenuzamos y discriminamos, partimos de una premisa errada. Desterrar alimentos es la manifestación del miedo que nos acusa de no poder controlarlos. “Yo no como arroz” es otra forma de decir “No soy capaz de comer sólo la porción de arroz que necesito”… estos ejemplos los conseguimos debajo de cada piedra.

No nos extrañe que en una década no queramos ver ni en pintura al pollo a la plancha con lechuga, o por el contrario a las french fries, nuguets, etc.

De nuestros antepasados preservemos la naturaleza y naturalidad de los alimentos, de nuestro presente discernamos los extremos y a nuestros sucesores dejémosles memoria gustativa de hogar.

 

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Rosa Benítez
Licenciada en Nutrición y Dietética, Diplomada en psicología positiva, se encarga de asesorar varios colegios de Caracas para mejorar los hábitos alimenticios de sus estudiantes. Maratonista y amante de la cocina venezolana, cuenta aquí cómo alimentarse mejor, con gusto. Su twitter: @rosabenitezr

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