Los sabores de Edgar Ramírez

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Por Rosanna Di Turi (@Rosannadituri)
Edgar Ramírez transita con naturalidad el vértigo de una fama que crece exponencialmente y asume, con bien trabajado foco, una carrera en ascenso en la que va superando retos de alto calibre. Ahora toma la pantalla, al unísono, con dos grandes estrenos: Joy, en la que comparte roles  con Jennifer Lawrence  y Point Break, filmada en 11 países, incluida La Gran Sabana en Venezuela.

El actor que nació en Táchira, ganara el César francés por su actuación en Carlos El Chacal  y que fue nominado al Emmy, no se detiene.

En ese vuelco existencial que un día le puede exigir estar en Los Ángeles, la semana siguiente en Londres y luego en Bogotá o Berlín, ha sabido expresar en los cuatro idiomas que maneja cómo conseguir esos sabores cotidianos que prefiere y lo acompañan. “Me gusta el marrón grande. Descubrí que en otros países lo puedo pedir diciendo que quiero un capuccino con doble espresso. Y en Inglaterra lo consigo pidiendo el flat white. Suena a con leche, pero es marrón”.

“Me gusta comer” comparte, pero su bien tallada fisonomía delata que es prudente en ese placer. Cuando terminó de grabar Carlos El Chacal, luego de casi un año intensivo, se fue Roma a celebrar con el último banquete de pasta, el plato que le permitió engordar los 17 kilos que le exigió el rol. Cada uno de los personajes que encarna le ha supuesto retos también físicos.

Ramírez sabe cómo mantener “la normalidad”, dentro de esa vorágine de asombros. Por eso, con cierto don de la ubicuidad, de repente aparece en Caracas sin alardes, va a la tintorería, celebra la luz de la ciudad y come las arepas que le encantan. Otro día puede estar, filmando en algún otro lugar del planeta. Cuando está en otras latitudes, a falta de arepas,  opta por los croissants rellenos de jamón de pavo y queso emmental.

En ese transitar le ha tocado celebrar en muchas cenas estelares. Cuando se le pregunta por alguna que le haya resultado memorable por sus sabores, se queda pensando largo, por una razón evidente. Cuando se comparte la mesa con Uma Thurman y Carolina Casighari, como ocurrió en la cena de un Festival de Cannes, es indudable que el foco de atención no son necesariamente los platos. En esa cena y en la misma mesa, también estaba el diseñador Karl Lagerfeld, quien ya le ha hecho un par de sesiones de retratos desde su afición por la fotografía. Como detalle con sello venezolano, Ramírez le regaló una botella de su ron Reserva Exclusiva de Santa Teresa, del que tiene su propia barrica. Similar gesto de cortesía lo tuvo también con Oscar de la Renta, quien estuvo con él y Carolina Herrera en una cena de gala del Metropolitan Museum.

“Yo como de todo”, certifica y enumera los bocados que suelen estar en sus apetencias. “Me gustan los sándwiches y las hamburguesas”.

Como buen andino, hay una particularidad de su paladar que lo distingue. “Me gusta la pisca. A mucha gente le parece raro desayunar sopas, para mi es natural”. En el recorrido de sabores de la vida, la infancia siempre deja una huella perenne.

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