10 consejos para comer saludable con gusto

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Por Rosanna Di Turi (@Rosannadituri)

Se suele creer que comer sano es ajeno a disfrutar de buenos sabores. Lo cierto es que comer bien y gustoso es posible cotidianamente. Atreverse a probar variedad, explorar distintas preparaciones, cocinar con distintos vegetales, aprender a ser mesurados son parte de los consejos para alimentarse con propiedad, sin sacrificar el gusto. Valgan estos consejos ahora que comienza el año.

1. El gusto en la diversidad

Alimentarse de manera saludable no tendría porqué ser monótono y sin gusto. Todo lo contrario. “Comer es un placer y de los más importantes. Si se come lo mismo siempre es probable que mandes todo por la borda a la semana. Por eso las dietas estrictas no funcionan. El secreto es entender que la alimentación tiene que ser variada y balanceada. Visitar un mercado, ver qué vegetales y frutas hay, atreverse a probar. Abrir la mente e intentar. Hay gente que ve la berenjena, dice ‘no me gusta’ y la descarta cuando con ella puedes hacer crema, pasticho, mini pizzas. Es importante entender que comer rico y saludable es posible. Es la única manera de mantener hábitos saludables en el tiempo: que te guste lo que comes. Si no, puedes jurar que duras una semana”, dice con convicción Samar Yorde, médico, cocinera por vocación y conocida en las redes como @soysaludable.

2. El poder de los vegetales

Paso siguiente: Aprovechar los vegetales. Y entender que las maneras de prepararlos son muchas y no se reducen a dejarlos sin sabor ni gusto tras horas de hervirlos sin clemencia. “Hay que instruirse para saber qué combinar. Entender que no es lo mismo una berenjena grillada que sancochada. Yo las corto, las pongo al grill con calabacín y tomate, las intercalo con mozzarella de búfala, le agrego un poquito de aceite de oliva y orégano. Queda muy rico. ”, comparte la chef Mercedes Oropeza.

Todo parte de la firme conciencia de lo que se puede perder al no incluirlos como debe ser en la mesa. “En los vegetales y las frutas está el poder. Alargan la vida. Si alguien creció sin ese hábito, hay que buscar la manera de incorporarlo. En los vegetales está el antioxidante que combate los radicales libres. La gente invierte un dineral en suplementos cuando puedes tener esas vitaminas en la nevera”, completa Samar Yorde.

3. Buscar opciones.

No hay razones para pensar que comer saludable y ligero se reduce al consabido pollo a la plancha. Hay más preparaciones posibles y sobre todo, otras proteínas. “Los pescados rojos se pueden hacer al vapor como la sardina, atún o inclusive en la sartén con un poquito de aceite de oliva, cebolla, ajo tostado y sal” comparte Xinia Camacho, quien ha hecho de su posada Xinia y Peter en Mérida un refugio de buena mesa.

El pollo puede ser protagonista de platos distintos. “Se puede sancochar con verduras como célery, cebolla y se esmecha. Ya esa pechuga tiene sabor. Luego se mezcla con crema de jojoto natural. Se le agrega un toque de queso y se gratina. Así vas creando. Es cierto que la plancha siempre va a aparecer, pero es posible variar. Un filete de curbina, por ejemplo, se puede rebosar con casabe, huevo y sofreír con muy poquito de aceite”, ilustra Mercedes Oropeza.

4. Comer lo que se hace en casa

“Mientras más comas en tu casa y menos en la calle, más saludable”, asegura Samar Yorde. ¿La razón? “En casa controlas porciones, el aceite y la sal. En los restaurantes los platos suelen ser generosos”.

5. Cocinar es parte de la receta.

Más que una obligación, es un placer. Allí podrían ponerse sobre la mesa varias excusas. La falta de tiempo o de destreza. En ambos casos, hay maneras de conjurarlas. “Hay que tomar decisiones. O aprendes a cocinar o consigue quien te ayude con esa tarea”, explica Yorde.

En momentos donde las recetas se comparten hasta por Twitter, no saber cocinar es una argumento que se puede desmontar. “Si nos sabes cómo se prepara un plato, pregunta. Busca quien te enseñe pero no pierdas el tiempo comiendo lo mismo porque no lo vas a aguantar. En las redes hay muchas personas que comparten recetas. Siempre se puede recurrir que a amigos, abuelas, redes, libros y cursos de cocina para conseguir recetas”, completa Yorde.

6. Aprovechar los granos

Los granos pueden ser buenos aliados del gusto y la diversidad en la mesa. Sólo habría que recordar que son muchas las maneras de prepararlos. Y buscar las alternativas al alcance. “Hay unas lentejitas amarillas que se preparan rápido y fácil. Se hierven cinco minutos, se les agrega cebollita picada y una vinagreta. También vainitas hervidas y cortaditas. Se logra una ensalada exquisita para la noche. Yo las ofrezco como entrada y es una ricura”, recuerda Xinia Camacho.

7. Menos es más

Hay un ingrediente esencial a poner sobre la mesa cuando el propósito es comer más saludable: la moderación. “La mesura es clave. Todo engorda menos el agua, la fibra y las vitaminas. Por eso todo se puede con moderación. En el tema de la grasa, la mitad del pulgar debe ser la que se use para cocinar o para una ensalada. También hay que aprender a sustituir: el azúcar por endulzante y las grasas ‘malas’ por las ‘buenas’. Buscar condimentos naturales, hierbas y especias. Bajar la sal. Es necesaria, pero es importante bajar el sodio a la mitad”, cuenta Samar Yorde.

8. Posibilidad en crema

En las mesas venezolanas son habituales, pero es cierto que podrían ser más diversas para aprovechar, de forma gustosa, los vegetales. “Se pueden preparar cremitas de calabacín, brócoli, auyama, espinacas, apio. También combinadas: Mitad auyama y calabacín. Te permiten jugar con una gama de vegetales que están allí y comerlos de manera distinta”, cuenta la chef Mercedes Oropeza.

9. La hora del postre

Si bien a la hora del dulce resulta muy tentador imaginar una generosa torta, la sensatez, la salud y la economía enseñan que esos placeres son excepción y que hay otros para calmar el apetito por el dulce, con mejores consecuencias. “Frutas con yogur descremado es un postre delicioso. También se pueden hacer gelatinas con jugos naturales y endulzante”, ilustra Xinia Camacho.

10. La forma es clave

Censurar ingredientes y condenarlos a estar fuera de la mesa no parece una receta sensata. “No hay alimentos buenos ni malos. Sí hay diferencias en la cantidad y manera de prepararlos. Una cosa es comerte una papa frita y rebozada. Otra, prepararla al horno con romero”, recuerda Samar Yorde.

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